Cuando mendigas amor, pasa esto.

Tal vez te suene lo que te voy a contar, o tal vez te recuerde a alguien.
Lucía está pasando por una situación complicada, en el trabajo la cosa no va bien, muchos despidos y reducciones de jornada. Se siente como si, de un momento a otro, fuera a caer una espada sobre su cabeza… un día sí y otro también.

Los ánimos por casa van a la par, la incertidumbre de estos tiempos no acompaña y siente que su vida es como un enorme pantano de arenas movedizas en el que si pestañeas…. pierdes.
Y está harta de perder, así que intenta sostener todo su mundo con una falsa seguridad, fingiendo que no pasa nada, que lo tiene todo controlado y dando todo tipo de atenciones a los demás.

Llama todos los días a su madre, y su madre se queja de lo mal que está todo, de lo mal que lo está pasando y de lo que necesita poder volver a su vida. Ni siquiera le ha preguntado a Lucía cómo está, pero Lucía no se da ni cuenta. No repara en ello porque siempre es así, está acostumbrada.

Así que Lucía la escucha, le da ánimos, le cuenta algo banal y divertido para que su madre se centre en otra cosa y si no lo consigue, se siente responsable de su tristeza y malestar. Siempre es igual.
Cada vez que habla con ella termina como si le hubiera pasado un tren por encima. Agotada.

Pero no le pasa solamente con su madre.
Ana es su mejor amiga, divertida, inteligente, atractiva y muy cariñosa. Lucía la adora y está deseando hacer planes con ella.

Ana la llama a menudo para contarle lo mal que lo está pasando con ese chico, lo mal que la trata y que pronto le va a mandar a tomar viento. La llama en mitad de la noche, llorando porque no sabe nada de él desde hace días o a primera hora de la mañana porque no ha dormido en toda la noche, o para que le explique cómo descargarse ese ebook de su marca de ropa favorita, porque no se aclara con la tecnología.

Lucía se siente útil, querida, importante e insustituible cuando su madre la llama, cuando Ana le cuenta sus penas, cuando su novio le pide su opinión sobre un libro o una peli.

Así que siempre está pendiente de lo que necesitan los demás. Incluso se adelanta a lo que puedan necesitar, les llama para preguntarles, les aconseja y les facilita la vida.

Es la gran salvadora, la amiga perfecta a la que llamar cuando hay un problema, la amiga “Emergencia”.

Cuando nadie la llama para consultarle, pedirle, quejarse o desahogarse, Lucía se viene abajo. Se siente sola y se pierde en su mar de pensamientos: “Solo me llaman cuando necesitan algo” “Cuando están bien pasan de mí” “Nadie me valora” “Cómo le irá a mamá” “Qué habrá pasado con Ana y su novio”.

El remolino de pensamientos se dispara. Lucía se enfada, se frustra, se cabrea como una mona y se refugia en el trabajo, en una serie o se harta a comer, y cuando no aguanta más, empieza a llamar para buscar un alma a la que “ayudar”.

Cuando tu vida depende de lo que otros te valoren, de lo que otros te necesiten, de lo que puedas hacer por los demás y no de ti, de tus necesidades, de tus hobbies, de tu felicidad… le estás entregando a otros tu poder personal.

Estás renunciando a tu estabilidad emocional y mental a cambio de migajas de atención y de amor.
Estás como un toro en el redil, siempre dispuesto y preparado para la acción…. en la vida de otros, pero ¿qué pasa con la tuya? ¿por qué cuenta menos para ti?
 

Estás mendigando amor literalmente y te conformas con cualquier cosa.
Darte cuenta es el primer paso, muchas veces aprendemos este comportamiento de pequeños, es el papel que nos dan en casa o en el cole y “lo compramos”, porque nos hace sentir importantes y valiosos para el grupo social y nos permite “sobrevivir” en ese entorno.

Se convierte en un hábito.

Si te sientes [email protected] en alguno de estos puntos con Lucía, me alegro de que estés leyendo esto.

Si por el contrario, es a una amiga, hermana o madre a la que has visto reflejada aquí, mándale este correo.
A veces, solamente cuando vemos las cosas en boca de otros, nos damos cuenta de dónde estamos y del papel que nos otorgamos a nosotras mismas.

Nunca es tarde para tomar acción, a partir de hoy puedes decidir hacer algo distinto. Si quieres empezar tu cambio puedes unirte a mi programa El Éxito que hay en Ti.

¿Y tú? ¿quieres recuperar tu poder personal?

Puedes empezar por llamar a tus seres queridos y en lugar de “arreglar” la vida de los demás, compartir algo tuyo, algo bueno, algo que te preocupe. Contar algo que te ha sucedido, que te ha llamado la atención o pedir ayuda tú…. y dejar de esperar solucionar la vida de otros.

Paso a paso, [email protected]

Respóndeme a esta entrada y dime si te has sentido [email protected] o conoces a alguien que se parece mucho a Lucía.

¡Te leo y contesto siempre!

Un abrazo, con cariño,

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